¿ALGUNA VEZ HAS SENTIDO MIEDO DE MORIR? MANTRA YOGA: LA PRACTICA PARA ENFRENTAR LA MUERTE Y LIBERARTE DEL SUFRIMIENTO

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Anoche sentí que se me paró el corazón. Comprobé con dos dedos en mi cuello si mi corazón latía. No pude sentir su latido. Por breves momentos pensé: -¿acaso ya voy a morir? no estoy preparada, espera corazón, late un poco más, déjame concentrarme en la imagen de Dios. Pero, en cuál imagen, pensé.- Empezaron a pasar mil pensamientos random por mi mente. La serie de suspenso que había visto en la tarde, mi procrastinada agenda que todavía no había terminado en el trabajo, mi futura escena de cama con mi esposo, mi rutina del gimnasio, las cara de mi mejor amiga a quien había visto hacía tan solo unos días, en fin, toda una serie de impresiones mentales que nada tenían que ver con la fantasía que yo había imaginado y deseado para mi supuesta muerte.
No podía enfocar la mente, entonces traté de recordar las imágenes espirituales de mi altar. Pero eran tantas, que no encontraba un punto de arraigo para meditar y morir en paz. De pronto miré mi mala que tenía colgada al cuello. Siempre duermo con mi mala puesta. Uno nunca sabe cuándo va a ser útil. Rápidamente la tomé entre las manos y empecé a recitar el Gayatri Mantra. Me sentí tranquila. Me recosté sobre la almohada y pensé: -bueno, si tengo que morir, que sea de esta manera, tranquila, y en confianza total de que este mantra me va a llevar a un mejor destino.- Y quedé satisfecha al recitar cada uno de sus versos. Para cuando hube terminado la primer ronda, noté que el latido de mi corazón había vuelto. Agradecí por una oportunidad más en mi vida material de prepararme para mi partida.

Hace unos años escuché decir a mi Guru que todas las prácticas espirituales que hacemos son precisamente para estar preparados a la hora de nuestra trascendencia. Cuando eres niño o adolescente en verdad no crees posible que tu vida pueda terminar en algún momento. Tienes tanta energía vital en tu interior que te crees invencible. Posteriormente viene algún encuentro con esa posibilidad y empiezas a dudar. Cuando ves a algún amigo o ser querido fallecer, cuando enfermas gravemente, o te has visto envuelto en medio de algún accidente realizas que tu vida material es temporal. A mí me pasó con 5 años cuando mi madre me regaló un pequeño pollito amarillo para que yo lo cuidara. Recuerdo haber salido del kindergarden y acompañar a mi madre al mercado a hacer las compras. Fuera del mercado, se sentaba una anciana que tenía una caja de cartón de la que salían pequeñas voces que decían pío-pío. Mi curiosidad era tan grande que me asomé a la caja descubriendo un montón de friolentos e indefensos pollitos. Mi primer sentimiento fue un amor inconmensurable ante esas criaturas. Sentía el deseo de ayudarles. Estaban chillando, estaban sufriendo. -mamá, ¿podemos llevarnos uno a casa?-

Después de varias semanas de esta petición, mi mamá decidió llevar uno a casa dentro de una caja de zapatos. -No se preocupen pollitos, vendré por los que restan pronto- pensaba. En ese mismo mercado compramos alpiste para alimentar al pequeño pollo. Lo sé, era poco probable que este pollito comiera alpiste, necesitaba gusanos pre-deglutidos por su mamá gallina, pero yo, tenía tan solo 5 años. Llegamos a casa al mediodía y gocé de la compañía tan amable de este pollito en el jardín. Parecía más contento. No chillaba con mis caricias torpes y cuidados. Observé que no bebía ni comía. Cayó la noche y sentí angustia por este ser. Pregunté a mi madre si podíamos meterlo a mi cama para que estuviera caliente. Obviamente me dijo que no y sacó la caja de zapatos con el pollito dentro al jardín. Pasé la noche sumamente angustiada, porque la sabiduría interior me estaba susurrando al oído una verdad que todavía no conocía. Quedé dormida. A la mañana siguiente antes de ir a la escuela, me apresuré a vestirme diligentemente y bajé corriendo rápidamente por las escaleras hasta llegar a la puerta trasera. Salí al jardín y me dirigí inmediatamente hacia la caja de zapatos. Cuando la abrí,  contemplé por primera vez la muerte. El cuerpo de este pollito estaba congelado, sus ojos inmóviles parecían hechos de piedra. Recuerdo que sentí un dolor agudo en el pecho y tomé al pollito con mis manos acercándole a mi corazón. -Estarás bien, ¿por qué no te mueves? si te doy un poco de calor volverás a piar.- Mi madre salió enseguida al jardín y horrorizada me dijo que lo soltara. Y entonces comprendí lo que la muerte significaba. Le hice muchas preguntas a mamá, lloré, quise planear un táctica para resucitarle. Mamá tomó la caja y la desechó fríamente en el bote de basura y me dijo que me diera prisa porque íbamos tarde para el colegio. Recuerdo sentir una profunda tristeza durante todo el día que me duró toda la semana, todo el mes, y cada vez que volvía al mercado y escuchaba el piar de los pollitos proveniente de la caja de cartón de aquella anciana.

Hace algunos años pregunté a un monje por qué tenemos tanto miedo de la muerte. Me dijo que porque ya lo habíamos experimentado innumerables veces dentro del Samsara y que nuestro verdadero deseo es liberarnos de este ciclo de sufrimiento. Hoy encontré que se puede estar preparado para este momento, que se puede controlar la mente desenfrenada, que es necesario que hablemos y platiquemos de este tema con nuestros seres amados y familiares, que no debe ser un tabú o un tema que nos horrorice y evitemos. El venerable Śrī Kṛṣṇa Caitanya Mahaprabhu regaló al mundo la práctica del Mantra Yoga, una práctica sencilla de conquistar para la caótica vida moderna en la que vivimos. La práctica del Mantra Yoga controla los pensamientos desenfrenados, purifica la mente de sentimientos negativos, nos trae inmediata paz al corazón, y nos conduce a una mejor vida espiritual. La práctica del Mantra Yoga puede liberarnos del Samsara y cesar el ciclo de sufrimiento. Solo basta con empezar a recitar  la primera cuenta de nuestro mala para descubrir un amor inmenso que nos va a compañar hasta el día de nuestra trascendencia.