UN TÉ DE ROIBOS AL MOMENTO PORFAVOR



De un momento a otro la escena de la película cambia y de pronto todo se suaviza, la mente se relaja, el cuerpo sana, la vida nos permite continuar.


Mientras nosotros creíamos que ya era el final, que todo estaba en contra, que esta vida no vale si no logramos lo que se espera de nosotros, que es una fantasía esto de poder hacer lo que uno quiere y lo que a uno lo haría feliz, que los sueños son para los ricos, o para los genios etc, etc..

Entonces qué puedo hacer yo para comenzar a construírme una vida más emocionante, más alegre, donde no escuche tantos pensamientos y negativos de mi mente, donde pueda estar en cualquier situación y poder observar sin reaccionar, sin estresarme.

Cómo puedo encontrar ese lugar en mí donde resuelvo mi vida y las circunstancias que saltan a mi presente con tranquilidad y sin tanta ansiedad.
Dónde puedo encontrar algún bálsamo de paz en medio de este ciclón en el que nunca supe cómo entré y del que no se cómo salir?

Se trata de cómo permitirnos soñar desde nuestra manera más infantil, y si no sabemos cuál es nuestra manera más infantil de soñar, entonces tomemos unos minutos a recordar cuando teníamos entre 4 y 7 años. Tratemos de recordar aquellos momentos en que deseábamos cosas sin ningún tipo de restricción, sabiendo que Santa Claus, el niño Dios, los reyes magos, ángeles, duendes o los mismos Papás se encargarían de cumplir nuestros deseos.

En un estado de percepción infantil, el mundo está abierto, el momento está abierto y el corazón está abierto a incluir todo lo que existe en el universo, no hay trauma interno todavía que nos haya cerrado esta forma de sentir.

Todo comienza con un chispazo de conciencia, una luz que se filtra en nuestra obscuridad y nos abre una opción realizable en nuestra vida. Una opción que no nos viene de lo que pensamos ni de nuestras voces mentales conocidas. Esta es la opción de la frescura y de la espontaneidad que nos regala simplemente el despertar a una nueva percepción de lo que sucede.

Estoy en la ciudad y resulta que me encanta el té de Roibos, una planta sudafricana que es deliciosa y que no tiene cafeína para desvelarme pensando en círculos. Llevo mucho tiempo buscando un lugar donde pueda tomar este té y sentarme tranquilamente a escribir pero no he encontrado cerca de donde vivo. Una tarde como la de hoy me dispongo a sentarme y escribir estas líneas cuando escucho unas máquinas estruendosas de mi amiga la construcción del edificio vecino de seis pisos del que ya he hablado mucho en este blog. Bueno, el ruido me comienza a dificultar la concentración y la ansiedad comienza a sentirse en mis piernas y en mi estómago, nada puedo hacer, los tapones especiales para el ruido que me traje de Alemania no sirven para cuando el ruido está justo al lado de tu casa. 

Mi única posibilidad además de estresarme y provocarme dolor de cabeza es escapar y buscar algún lugar en el que pueda escribir tranquilo. Salgo y me dejo guiar por la espontaneidad de un juego infantil en el que voy escogiendo hacia dónde doblar sin esperar llegar a algún sitio. Cuando escapé lo primero que pensé fue ir a la primera cafetería que ya conozco en la esquina de la avenida más cercana a donde vivo. Pero esta vez decidí jugar y caminar por donde fuera hasta que el mismo juego me dirigió a una cafetería pequeña que nunca había visto. 

Entro y se escucha un jazz de lo más relajante y me da la bienvenida un tarro de vidrio con una hierba roja dentro y una etiqueta enorme que dice –Roibos-. Con toda la felicidad de mi corazón me siento a escuchar ese jazz delicioso y me tomo un té de roibos mientras escribo esta línea. El momento siempre estará abierto a nuestra desición y todos los eventos están vacíos como dicen los sabios Budistas. Todos los eventos que suceden en la vida son neutros y a nosotros nos toca colorearlos y llenarlos con lo que queremos experimentar. Por eso a un niño se le antoja decidir que una mesa es un aereopuerto y que una maceta es una selva, y realmente lo ven. Esa cualidad la seguimos teniendo en nuestra mente pero hay que cambiar el canal y comenzar a despertarnos al momento que siempre estará vacío para que le proyectemos nuestras creencias y escribamos el guión de nuestra película, como hablamos en el blog del miércoles pasado.

Cuando me senté a escribir y comenzó a sonar la máquina cortadora de metal y la perforadora de cemento, lo primero que hice fue decidirme unos momentos infernales quejándome al cielo y enfermándome de algo con estos pensamientos violentos. Pero cuando salí de la casa sin más pensamientos y caminé, mi percepción se abrió y me permití acceder a otra realidad que me trajo a esta cafetería de lo más agradable donde estoy tomando el té que tanto quería desde hace meses!

Esto se llama, abre tu mente y se abrirá el mundo...