QUÉ TE REGALA LA NAVIDAD?


La navidad en mi vida siempre la recuerdo como esa sensación de recibir regalos acompañada con una magia extraña que se  mezclaba con el frío y la actitud de las personas, también extraña.

Lo que nadie realmente entiende es que es un ritual religioso que celebra el advenimiento de un Ávatar de la divinidad junto con el solsticio de invierno que nos regala los días más cortos del año.
Es decir, el Universo nos obliga a ir hacia adentro de alguna u otra forma.  Es por eso que se percibe un ambiente más cordial que de costumbre, a pesar de la comercialización excesiva de parte de los empresarios que aprovechan esta apertura del corazón social para vender como nunca. 

Y como buenos y Maquiavélicos empresarios utilizan símbolos de contenido espiritual como la unión, el dar, la empatía y la generosidad para integrarlos a sus campañas de venta sin escrúpulos y sin ninguna ética. Y lo podemos observar en la cantidad de anuncios de todo tipo dirigido a niños y adultos. Los supermercados abren bodegas llenas de juguetes plásticos, las tiendas abren en las noches y toda la atmósfera pareciera estar centrada en lo que compras para los demás, porque de hecho todos compramos y a todos niveles. 

Pero lo que nos regala la navidad justamente no son los regalos. Los regalos de navidad que podemos recibir si nos abrimos a la experiencia ancestral son mucho más espectaculares que cualquier reloj, suéter, bicicleta o celular nuevo. Porque la Navidad te regala la oportunidad de entrar más fácil en tí que cualquier otra época del año. Puedes meditar más fácil, amar más fácil, dar sin esperar más fácil y conectarte con la espiritualidad más fácil. 

Hay una amnistía espiritual de parte de todos los ángeles y demás agentes divinos en la cual se nos da el permiso de conectar de corazón a corazón con las cosas, las historias y las personas. La navidad nos regala el chance de soltar resentimientos y enojos enquistados en nuestro sistema. Nos da el permiso de sanar cualquier nudo emocional que hayamos tejido en el año con quien sea y nos da el enorme regalo envuelto con moño rojo de hacer un antes y un después en nuestras vidas. Claro que todos aparentan hacerlo pero desde la superficie y nada más para quedar bien. Pero si realmente profundizamos en los sentimientos en esta época y en nuestra relación personal con lo divino, podremos amanecer el 25 de diciembre y sorprendernos que el niño Dios o Santa Claus nos regale la liberación de ese miedo que nos enferma, o el fín de esa adicción que no nos suelta, o la transformación de la ira que nos explota, la sanación a esa depresión atrasada,  o a la ansiedad silenciosa, la autoestima rota o cualquier otro tipo de sufrimiento que sólo existe en nuestros diálogos más hondos. 

Lo que los adultos ya olvidaron es que Santa Claus y el niño Dios sí existen y traen regalos para los niños y adultos que hacen su cartita y piden con un corazón sincero y humilde aprovechando la sincronía cósmica de estas fechas. 

Píde un salto cuántico en tu vida y celebra sin dañar a nadie más (animales incluídos), regala tiempo y perdón, acuérdate de tu infancia y revive esa creatividad perdida, no hagas juicios a quien celebre distinto y trata de amar y sentir compasión por los que sufren. Y sobre todo, agradece lo más que puedas, con lagrimitas de remi en los ojos y toda la escena, porque en este mundo quien no llora no mama. La navidad, como su nombre lo dice, te puede regalar un nuevo nacimiento...